Una Reflexión Personal

Dicen que si uno desea atisbar el futuro primero debe volver la vista atrás para ver las lecciones del pasado. Repasando mis cinco décadas y media de experiencia profesional, hay varias lecciones que influyen en la creación y en la propia naturaleza de la Norman Foster Foundation, en los ideales que debería fomentar y en los medios para conseguirlo.

El nacimiento de nuestra fundación como institución independiente que desea promover la investigación y los proyectos al margen de mi práctica arquitectónica en Foster + Partners surge de varias aspiraciones. Una de ellas es ayudar a las nuevas generaciones a estar más preparadas para anticiparse al futuro, sobre todo en una época de profunda incertidumbre global, en especial aquellos profesionales preocupados por el medio ambiente. En otras palabras, jóvenes arquitectos, diseñadores, ingenieros, líderes gubernamentales y artistas.

En primer lugar, queremos fomentar el pensamiento interdisciplinar. La verdadera colaboración entre campos aparentemente inconexos del diseño y el pensamiento es uno de los ejes de una concepción holística del diseño de la que yo y numerosos compañeros hemos sido pioneros. Esto es incluso más relevante en la actualidad, a medida que las poblaciones se trasladan a las ciudades y hacen frente a nuevas interacciones con la inteligencia artificial, la robótica, las demandas energéticas y el cambio climático. Un diseño sostenible debe aglutinar desde el principio a todas las profesiones en un propósito común. No se trata de una moda, sino de supervivencia.

En mis primeros años como arquitecto tomé conciencia de los inconvenientes que entraña el concebir los edificios de forma aislada, y ya hemos visto los efectos negativos de esa tendencia en las últimas décadas. Yendo más allá de la arquitectura, como urbanista apasionado por la mejora de la calidad de vida en las ciudades, sé que el diseño de nuestra infraestructura es el reto definitivo. Son los espacios intermedios los que ejercen de nexo urbano entre las estructuras individuales, la matriz entre rutas, espacios públicos, servicios y sistemas de transporte. En un planteamiento de conjunto, todos estos elementos y las profesiones a las que representan interactuarían de manera simultánea. Me gusta describirlo como un cuestionamiento de las jerarquías tradicionales y la adopción de una perspectiva de mesa redonda para la creatividad. Las recompensas de la búsqueda de ese diseño integrado son numerosas: mayor rendimiento y calidad, ventajas económicas y un mayor elemento de belleza.

En el ámbito de los proyectos individuales, he utilizado este planteamiento para derribar barreras sociales, crear comunidades que no consuman energía ni generen residuos, trabajar con la naturaleza para fomentar el bienestar y la belleza e idear espacios que puedan adaptarse a los cambios con el paso del tiempo.

Bajo esta filosofía subyacen unas inspiraciones que vinculan el diseño ecológico con las lecciones y la imaginería del arte, la tecnología y la historia. Destaca asimismo la importancia de la creación y la fabricación. La industria es inseparable de la creación de sueños y la mejora de los niveles de calidad.

El pensamiento interdisciplinar aúna todas estas vertientes y es el principio rector que guiará todas las actividades de la Fundación en los próximos años.

El valor de la arquitectura, las infraestructura y el urbanismo para servir a la sociedad y propiciar cambios positivos por el bien colectivo también guia nuestro trabajo e iniciativas. Tal vez suene un tanto utópico, pero lo cierto es que todo lo que nos rodea es fruto de un acto de diseño consciente. La calidad del diseño determina la calidad de nuestra vida: puede ser bueno, malo o mediocre. Nunca es una cuestión de costes, sino de actitud mental. Existen cuatro recursos: materiales, tiempo, dinero y, sobre todo, energía creativa. El objetivo de la Fundación es informar y canalizar la energía creativa de la juventud para anticiparse al futuro.

Las semillas para que esos ideales cobraran vida y para el nacimiento de la Fundación, fueron sembradas por primera vez en 1999 cuando recibí el Premio Pritzker de Arquitectura en una ceremonia en Berlín y, con él, una dotación de cien mil dólares. Mi mujer, Elena, me recordó el valor que para mí tuvieron mis viajes por Europa mientras estaba en la universidad, viajes que pude realizar porque había ganado varios concursos para estudiantes. Elena propuso que utilizáramos los fondos del premio Pritzker para crear una Fundación con un programa que ofreciera becas de viaje para estudiantes de arquitectura de todo el mundo.

El plan surgió en colaboración con el Royal Institute of British Architects (RIBA), que cuenta con más de cien escuelas de arquitectura afiliadas en más de treinta países repartidos por los cinco continentes. El programa continúa desde entonces y ha sido un gran éxito.

Sin embargo, ello nos convenció de que, para que la Fundación fuera más influyente, era necesario tener una presencia física para poder llegar a un público más numeroso. Requería espacios para un centro de estudios que recibiera a estudiantes e investigadores, que fuese un hogar para un creciente archivo personal que documentara las ideas de la Fundación, y galerías para mostrar conceptos, películas y proyectos.

Esto llevó a la búsqueda de un edificio o una sede en la que crear, en condiciones idóneas, una combinación de estas ambiciones. Contratamos a agentes y exploramos lugares tan distintos como Manhattan; Brooklyn; el East End y Battersea, en Londres; Berlín y Madrid. Incluso nos planteamos zonas rurales más apartadas pensando en modelos como el Black Mountain College de Carolina del Norte, la Judd Foundation de Texas y el Rocky Mountain Institute de Colorado.

A partir de este proceso, en el que barajamos varias posibilidades, se tomó la decisión de ubicar la sede de la Fundación en Madrid, una ciudad vibrante que mantiene fuertes vínculos profesionales y culturales con nuestra familia y con excelentes conexiones y posibilidades para una fundación independiente de la entidad ya existente de Londres pero con un alcance global.

Encontramos un palacete protegido que diseñó Joaquín Saldaña en 1912 para el duque de Plasencia. Desde los años treinta y a lo largo de cinco décadas había sido la Embajada de Turquía y, más recientemente, antes de nuestra adquisición, una oficina bancaria. Hemos emprendido un importante programa de reformas para restituir a los espacios interiores su antiguo esplendor. El palacete está ubicado en una finca de la calle Monte Esquinza, una zona conocida por sus embajadas, instituciones y otras fundaciones culturales. Desde esta prometedora ubicación intentaremos desarrollar proyectos relevantes y urgentes relacionados con algunos de los aspectos más importantes del entorno construido que todos compartimos.

La Fundación trata de fomentar dos vertientes principales: una centrada en la investigación y la educación y otra en el objetivo de ejecutar proyectos prácticos y experimentales por todo el mundo.

Por un lado, la Fundación está enraizada en un archivo rico y vivo, un recurso material vinculado a un centro de estudios y una red de universidades e investigadores. El Archivo comprende dibujos, bocetos, maquetas, películas, fotografías, prototipos y transcripciones que abarcan más de cinco décadas de trabajo. Se añaden y catalogan de forma continua unos contenidos que en la actualidad ascienden a más de doce mil elementos.

Por otro lado, la Fundación colabora en la creación de proyectos y prototipos con instituciones, universidades y centros de investigación de mentalidad afín. De dichas investigaciones y prácticas afloran seminarios, talleres, programas y eventos que aúnan a pensadores experimentados y talentos emergentes del mundo de la arquitectura, el diseño y la tecnología.

En el patio de la sede de la Fundación en Madrid se encuentra también el llamado Pabellón, que alberga materiales de proyectos, lugares, personas y objetos que pueden inspirar a futuros visitantes y participantes de la Fundación del mismo modo en que yo hallé inspiración en ellos en el pasado. Desde hace décadas he impulsado la tecnología de los materiales, en especial la del cristal, para crear una arquitectura de luz y ligereza que desdibuje las fronteras entre los espacios interiores y exteriores. El Pabellón perpetúa esa tradición y utiliza muros de cristal laminado como estructura para sostener un techo de fibra de vidrio sin medios de soporte visibles. Con el propósito de alentar una fusión de arte y arquitectura, la escultora Cristina Iglesias ha creado una escultura que cubre parte del patio de entrada y proyecta sombra sobre la fachada del Pabellón. En los próximos años esperamos recibir a muchos de nuestros invitados, amigos y colaboradores en estos espacios extraordinarios.

La presentación de la sede de la Fundación en Madrid y el lanzamiento de varias iniciativas apasionantes han estado marcados por el fórum público internacional que tuvo lugar el 1 de junio de 2017 en el Teatro Real de Madrid. A través de una serie de debates e intervenciones, el fórum abordó cuatro temas principales, la Ciudad, Tecnología y Diseño, Infraestructura y las Artes bajo el título de “Future is Now”. No solo pretendía debatir dichas cuestiones, sino transmitirlas al público y a los profesionales que en su día a día crean y gestionan nuestros edificios, ciudades y sistemas de infraestructura.

Nuestro acto inaugural en Madrid dió una idea de los programas y proyectos futuros de la Fundación. Las actividades que hemos llevado a cabo hasta la fecha y la existencia misma de la Fundación no habrían sido posibles sin el idealismo, la sabiduría, la fuerza y la energía de mi mujer y Patrona de la Fundación, Elena. Asimismo, me gustaría rendir tributo a los también Patronos y profesores Luis Fernández-Galiano y Ricky Burdett.

Estoy agradecido por el apoyo y aliento de muchas personas que no han sido mencionadas, y espero con entusiasmo la posibilidad de trabajar con ellas y otras que estén por venir en posibles proyectos futuros.

Norman Foster
Presidente
Norman Foster Foundation